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Las historias que envuelven a los cipreses le confieren por sobre todas las cosas un cierto aire de misterio que nos obligan a tener un profundo respeto por este árbol.
En realidad ciprés en el nombre dado a ciertos tipos de arbustos y árboles pertenecientes a las coníferas. Se cultivan fundamentalmente para crear cercados protectores naturales, para reforestar zonas despobladas de árboles y en la jardinería ornamental.

Desde la antigüedad el ciprés ha sido considerado un árbol sagrado en muchas culturas, marcado por diferentes rituales mágicos, conjuros e inclusive relacionados con la muerte. No es de extrañarnos que los caminos en los cementerios estén custodiados por estos majestuosos y misteriosos árboles, como fieles guardianes de aquellos que han partido para siempre.

Es costumbre plantarlos cerca de las tumbas cómo símbolo del retorno a la vida después de la muerte. Durante la conquista por Roma de todos los territorios que actualmente abarca Europa, a las divinidades olímpicas de la religión romana se les consagraban animales y plantas.
En el caso del los cipreses estos se asociaban con Plutón, el dios del inframundo o reino de los muertos. En ciertas culturas antiguas se les venera y se les considera árboles divinos. En otras civilizaciones se le atribuyeron propiedades curativas.

A través de la historia se le han atribuido un sinnúmero de cualidades e interpretaciones de todo género. Desde su interpretación sexual por la forma alargada e inhiesta que presentan algunas de sus variedades, hasta su vínculo con la inmortalidad y lo eterno debido a la gran resistencia de este árbol a condiciones climatologías adversas, las enfermedades, y el paso de los años.

Es unos de los pocos árboles que se levanta majestuoso hacia el cielo en los inviernos más gélidos con sus casi 35 metros de altura que logran alcanzar algunas de sus especies.
Si echamos una ojeada a las culturas y religiones orientales, veremos que el ciprés ha sido utilizado en la milenaria medicina natural tradicional de muchos países asiáticos. Las filosofías orientales lo vinculan con la eternidad.

Sus semillas, hojas y frutos han sido fuentes de ingredientes para confeccionar potentes remedios naturales para combatir y curar diferentes dolencias, para vigorizar los cuerpos enfermos y como defensa contra otras enfermedades.

Los chinos con su tradicional sabiduría milenaria acogieron al ciprés desde su lado más espiritual. Su relación con lo eterno, su carácter casi imperecedero hicieron de este árbol en las culturas orientales un símbolo filosófico. Un poco más allá, los japoneses sacarían el máximo fruto de la resistencia, fortaleza y larga vida de este noble pero controvertido árbol.
Su madera, aún en la actualidad, es utilizada en rituales religiosos en los templos sintoístas. Ciertamente los conceptos relacionados con la vida y con la muerte están estrechamente relacionados con la historia de este árbol.

Así que ya sabes, si tienes en tu jardín de cipreses o te dispones a plantarlos a los lados de un sendero, no olvides profesarle el respeto que merecen, pues estamos hablando de un árbol milenario venerado por muchas culturas.

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