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parrillas

Todo amante del buen sabor sabe que las carnes asadas y su ritual de preparación constituyen un lujo para los sentidos. Ver como enciende el fuego y los carbones, escuchar el sonido chirriante de las carnes, sentir el humo penetrante mientras se disfruta del aire libre es una atracción irresistible para el cocinero y una muy buena forma de agasajar y quedar bien con quién uno quiera.

Hay, sin embargo, muchas casas cuyos dueños aún no tienen esta herramienta de disfrute. Para todos ellos -y para quien quiera renovarlas- a continuación se describen diferentes clases, cualidades particulares y conveniencias de elegir uno u otro modelo de parrilla.

¿Portable o fija?


Lo primero que habrá que decidir es si queremos ubicar el asador en un sitio fijo o si pretendemos trasladarlo, ya sea para ir variando el lugar donde realizar las cocciones o bien, para poder guardarla al terminar su uso. Dentro del conjunto de asadores variables encontramos dos modelos básicos:
  • De tambor: las parrillas construídas con esos grandes tambores de aceite industrial o combustibles poseen una ruedas que le permiten al usuario moverlas a gusto. Su principal ventaja es la forma particular que posee –con tapa o dividida a la mitad- ya que la misma le otorga una funcionalidad símil horno pues, al cerrarla, se mantiene el calor en el interior, reduciendo los tiempos de cocción de manera significativa.
  • De hierro: estos modelos generalmente no se apoyan sobre ruedas pero gracias a su bajo peso permiten trasladarla sin realizar un gran esfuerzo. No tienen una gran sofisticación sino que más bien se conforman con algunos fierros soldados y una base donde se derraman las brasas. Su principal ventaja puede ser simplemente el bajo costo de las mismas.
Si uno posee un espacio importante en la casa donde pueda construir o fijar una parrilla más grande que las anteriores tendrá que elegir, pues, entre los siguientes modelos.
  • Premoldeadas: Estas parrillas variables de tamaño están hechas de cemento y suelen encontrarse en negocios que vendan artículos para el hogar. Pueden adjuntar un fogonero, para no hacer el fuego bajo la parrilla, y no resultan muy costosas. Si bien los diseños varían según el fabricante, suelen mantener una configuración estándar. Dentro de las fijas son las de menor valor
  • Revestidas: hechas de losa y revestidas a gusto del comprador constituye un punto intermedio de calidad de parrilla. Son durables, se pueden diseñar siguiendo la estética propia del patio o jardín y contienen una chimenea –variable en altura- que elimina el humo denso que desprende el fuego inicial.
  • De mampostería: aquí llegamos al punto máximo de calidad. Es el glamour de todo cocinero. Hechas a medida y con los materiales elegidos por el comprador, se puede diseñar tanto su forma como los accesorios que se deseen adjuntarle (fogonero, mesa de corte, tipo de estructura metálica). Todas estas ventajas se ven eclipsadas por el alto costo de las mismas, pero si eso no constituye un problema para el comprador, pues, no hay otra mejor.

El asador


Ahora bien, la carne –o las verduras- no habrán de ser cocidas ni sobre el revestimiento, ni sobre el tambor, sino que se cosen sobre una estructura metálica que recibe el nombre de asador. Dicho instrumento constituye en sí mismo la clave para el buen sabor. Existen dos grandes tipos de asadores:
  • Asadores en forma de V: si bien estas estructuras permiten que las grasas desprendidas de la carne no se viertan sobre las brasas, evitando así que se apaguen y alargando la duración de las mismas, tienen la desventaja de que le reducen a la carne el espacio de exposición al calor. Dicho defecto –por así llamarlo- alargará el tiempo de cocción y reducirá la absorción de los sabores provenientes del humo de la leña.
  • Asadores cilíndricos: construídos con tiras cilíndricas de metal estos asadores no evitan el derramamiento de las grasas sobre las brasas. Esta aparente desventaja constituye su atributo mayor dado que al entrar en contacto con el calor la grasa emite un humo que irá regando de aroma a las carnes, dando como resultado una mayor riqueza de sabor.
Sólo queda, pues, evaluar la situación personal, los espacios y la capacidad de compra para elegir la parrilla que más convenga.

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