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Para cuidar adecuadamente las prendas, es necesario poner atención en la forma de lavarlas y plancharlas; otro aspecto importante es la manera de tenerlas guardadas, ya que la presencia de polillas u otros insectos puede afectarlas.
Asimismo uno de los problemas más habituales que se encuentra al sacar una prenda que estuvo sin usarse por un tiempo es la existencia de humedad, viéndose en forma de manchas y con un olor característico.

Esta dificultad se agrava si se constata la presencia de hongos, los que además de ser más difíciles de quitar tienden a producir un mayor daño en las fibras. Es muy probable que al estar una de las prendas con esos signos, las demás también lo estén en mayor o menor medida, debido a que se guardan juntas.
Si sólo se trata de olor a humedad, se debe lavar la ropa afectada y usar un suavizante apropiado. El secado debe ser preferiblemente al sol y conviene repetir el proceso hasta que no se perciba más ese olor. También es bueno plancharla.

En caso de que ya se hayan instalado hongos, es necesario llevar la ropa a un lugar aireado; después de un algunas horas aplicar una preparación hecha con ½ cucharadita de bicarbonato, ½ cucharadita de sal y el jugo de un limón en la zona afectada.
Luego enjuagar con agua tibia y repetir hasta que la mancha desaparezca. Si la distribución de las manchas es más difusa se sumerge la tela en un recipiente con leche caliente durante unas dos horas; pasado ese lapso se procede a realizar el lavado habitual.
  • En casos recientes o leves alcanza con sacar la prenda al sol y airearla
  • Hay que tener en cuenta el tipo de género, ya que una preparación agresiva puede dañar el tejido
  • Luego del tratamiento no volver a colocar la ropa en el placard hasta que no se solucione el problema allí
  • Vaciar el ropero, ventilarlo para que seque, e indagar si el problema se debe a fugas de agua o solamente por el encierro, es recomendable.

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