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Las pastas son comestibles hechos a partir de masa de harina de trigo seca y ocupan un lugar importante como base de muchas recetas de la gastronomía italiana y una buena parte de países asiáticos.
Como alimento pueden formar parte de sopas, cocinarse en agua hirviendo y acompañarse con diversas salsas, se pueden rellenar con carnes, embutidos, quesos, vegetales y pueden prepararse al horno. Esta peculiaridad de tener disímiles maneras de presentarse en las recetas culinarias les concede además de una agradable apariencia, una amplia gama de texturas y sabores diferentes.

Aunque las pastas por lo general se cocinan rápido y de manera sencilla, el arte culinario establece como norma que su cocción sea "al dente", o sea, que una vez cocinados mantengan cierta consistencia para que no pierdan forma ni sabor. En este artículo te vamos a explicar el procedimiento completo para cocinar las pastas de esta forma.
Lo primero es cocer la pasta en agua hirviendo. La proporción de agua respecto a la pasta que vamos a cocinar es de 1 litro de agua por cada 100 gramos de pasta que vayamos a preparar.

Así que una vez conocido el peso de la pasta a cocer, ponemos el volumen apropiado de agua a hervir bien tapada para que hierva más rápido y le agregamos una cucharada de aceite por cada 5 litros de agua aproximadamente. El aceite evitará que las pastas se peguen unas con otras cuando se estén cocinando.

Al romper el hervor agregaremos la sal a razón de una cucharada de sal por cada litro de agua que contenga la olla y volvemos a tapar hasta que comience a hervir completamente, momento este cuando corresponde echar la pasta al agua revolviéndolas un poco con una cuchara plástica o de madera hasta que la pasta para que se acomode en la cazuela. A partir de ese momento ya no se tapará más la olla, la pasta deberá cocinarse destapada hasta que esté lista.

Mientras la pasta se cuece debemos removerla periódicamente para que no se compacte. Al cabo de 7-10 minutos aproximadamente probaremos la pasta para saber si ya está "al dente" y esto lo sabremos porque la sentimos suave por fuera mientras que la capa interior está aún dura, pero flexible y sin ningún gusto a alimento crudo cuando la mordemos.

Una vez lista debemos escurrirla por un colador poniendo un recipiente debajo para no deshacernos del agua de cocción que servirá para calentar la pasta nuevamente vertiendo el agua otra vez a través del colador si alguien apetece comer más o alguien llego tarde a la mesa. Esta es la mejor manera de recalentar la pasta una vez cocida para impedir que pierda su textura y se cocine en exceso.

Hay quiénes lavan la pasta cocinada antes de servirla, pero personalmente yo prefiero no hacerlo ya que cuando hacemos esto estamos quitándole algo del sabor que ha obtenido al cocerse. Si te sobra pasta y las vas a conservar en el refrigerador, entonces si es recomendable lavarla antes de guardarla para evitar que se pegue.

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