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Al pensar en coníferas vienen a la mente las imágenes de grandes árboles como el enebro, el pino, el tejo o el abeto, formando bosques espesos y sombríos.  Plantados a campo abierto estos árboles suelen dar lugar a individuos altos y frondoses que en forma de bosque, componen un hábitat concreto.

Sin embargo, en casa también se puede tener plantado, quizá no propiamente un bosque, pero sí un bosquecillo de coníferas. Para ello, las coníferas de crecimiento lento son las más adecuadas para ser plantadas en recipientes , tiestos, jardineras u otros que vayan bien con el entorno decorativo del espacio del que dispongamos, de un tamaño conveniente que quepa en casa.

El proceso de plantación es el mismo que en el resto de las plantas.  Una vez escogidos los recipientes, se cubren los orificios de drenaje con trozos de tiestos rotos, piedras e incluso conchas, para que la tierra no se vaya por los agujeros pero al mismo tiempo, que pueda escapar libremente el agua de riego sobrante.  Para el trasplante se puede usar una turba de buena calidad, mezclada con arena.

El conjunto de coníferas resultará vistoso y agradable a la vista. Ordenadamente, las plantas más altas se colocarán detras y las de menor tamaño en el centro y delante.
Como consejo práctico es conveniente agrupar las coníferas que tengan un aspecto similar, con la finalidad de conseguir un conjunto  más armónico y decorativo.

Como la mayoría de las coníferas, las de crecimiento lento que podemos plantar en casa tienen follaje perenne. Así, sus hojas, agujas o escamas, según corresponda, indicarán el cambio de estación con sutiles mutaciones en su coloración y adoptarán en otoño y en invierno todo el encanto de los bosques que crecen en plena naturaleza.
Las coníferas son plantas resistentes que no requieren excesivos cuidados y al ser plantas de exterior, no son susceptibles de sufrir daños cuando cae una helada ni cuando el calor del verano aprieta con intensidad.  Incluso puede decirse que los cambios de temperatura le favorecen en lo que a su coloración se refiere.

Para proporcionar a las coníferas el riego adecuado lo mejor es hacerlo con una regadera de caño fino, que pueda introducirse entre las ramas y llegar hasta la tierra.
Una vez montado y ubicado en su lugar, este bosquecillo de coníferas dará un punto salvaje al jardín, aportándole también tintes románticos evocadores de largos paseos bajo los cipreses, los tejos o los abetos.

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